Es más importante de lo que pensamos mantener siempre a punto los sistemas de iluminación del automóvil, que en los últimos años se han convertido en un agente activo al servicio de la seguridad del vehículo y sus ocupantes, dejando atrás la anterior concepción como elemento meramente estético.
1. No descuidar el estado de ningún componente
Es muy importante revisar minuciosamente todos los componentes de iluminación del vehículo, sin olvidarse de las luces traseras, las de freno, las antiniebla, los equipos de limpieza o las lámparas. Hay que tener en cuenta que estos elementos están muy expuestos al desgaste de los agentes ambientales -grava, suciedad, heladas, etc.-, lo que puede provocar daños y afectar a su funcionamiento.
Tal es así que, según cálculos de la marca, un 35% de los conductores circula con alguno de los faros de su vehículo en mal estado, poniendo en grave peligro no sólo su propia seguridad, sino también la del resto de usuarios de la vía pública. Para evitarlo, conviene realizar de forma periódica una revisión y mantenimiento de todos los sistemas de iluminación, especialmente en aquellas épocas del año en que aumentan las horas nocturnas.
2. Comprobar el reglaje de los faros
Uno de los problemas más frecuentes relacionados con el mantenimiento de los sistemas de iluminación es el del reglaje de los faros. Cuando el ángulo de dirección del haz de luz es demasiado bajo, la distancia de alumbrado disminuye considerablemente, mientras que si se proyecta demasiado alta, se corre el riesgo de deslumbrar al resto de vehículos que circulan por la vía.
Una regulación incorrecta supone un riesgo añadido a la conducción, ya que la noche y el crepúsculo son las fases diarias en las que se produce el mayor número de accidentes en carretera, pese a ser las horas en las que hay menos tráfico. De hecho, hasta un 42% de las víctimas mortales se produce en esas franjas horarias, según datos del RACE.
3. Emplear sistemas de limpieza automáticos
Según un estudio de Hella, conducir durante media hora por una vía húmeda y sucia puede provocar una pérdida de visibilidad en los faros del vehículo de hasta 35 metros, reduciendo a la mitad el alcance de la luz de cruce y, por tanto, la seguridad al volante.
Además, las condiciones meteorológicas adversas -comunes sobre todo durante los meses de otoño e invierno- duplican la suciedad en los faros del automóvil e interfieren directamente en su cualidad óptica, provocando deslumbramientos y limitando la visibilidad, así como la distancia de parada ante posibles obstáculos que el conductor encuentra en ruta.
Con objeto de evitar esta pérdida de seguridad, es aconsejable contar con sistemas eficaces de limpieza automáticos de faros que favorezcan la conducción en carretera. En la actualidad, estos sistemas vienen incorporados de serie en vehículos con luz de xenón; no ocurre así en el caso de automóviles con faros halógenos, donde es recomendable mantener la limpieza de los faros.
4. Activar las luces diurnas
La activación de los sistemas de iluminación diurnos -cuya incorporación ya es obligatoria para los nuevos turismos- mejora sensiblemente la visibilidad en cualquier momento del día, especialmente en los momentos en que la luz solar es menos intensa. Tal es así que, según la Comisión Europea, su uso podría reducir entre un 3% y un 5% anual el número de víctimas mortales en carretera, y en un 12% los accidentes por atropello.
Además, el empleo de este tipo de luz también es efectivo dentro de la ciudad, ya que permitiría reducir hasta en un 8% los accidentes registrados en recorridos por núcleos urbanos o en poblado, propiciando que los vehículos dotados de esta iluminación parezcan más cercanos, y obligando a peatones y conductores a extremar la precaución.
5. Encender las luces también durante el día
Aunque nuestro vehículo no disponga de sistemas específicos de luces diurnas, el simple hecho de encender las luces del coche durante el día permite incrementar en casi un 10% la distancia a la que es percibida el automóvil, lo que supone ser vistos 20 metros antes, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT).
La importancia de esta acción queda de manifiesto al comprobar que nueve de cada diez siniestros que se producen en nuestras carreteras se deben a un fallo humano, relacionado generalmente con la falta de visibilidad, que provoca una percepción deficiente al volante y un tiempo de reacción excesivo, limitando así la velocidad de frenada o maniobra.