Walter Röhrl acaba de hacer un trepidante y emotivo viaje a través de la memoria, surcando juntos el Col du Turini, el tramo por excelencia de la carrera predilecta del bicampeón del Mundo de rallyes alemán, el Rallye de Monte Carlo. El campeón conquistó cuatro veces la victoria en la carrera monegasca, considerada la más selectiva y legendaria del mundo. Y la última vez lo hizo a lomos de un Audi Quattro, en la temporada de 1984. Fue un reencuentro muy especial, que hizo posible el extraordinario trabajo de conservación de Audi Tradition, que se encargó de desplazar el Audi quattro que un día pilotaran Walter Röhrl y Christian Geistdorfer por los tramos de todo el planeta y que ahora ocupa un lugar destacado en el museo de la marca de los cuatro aros.
La irrupción de la marca de los cuatro aros en el Campeonato del Mundo de Rallyes con su innovador modelo supuso una gran revolución para la especialidad, por cuanto significaba apostar por un sistema de tracción total para competir por la gloria mundial. No faltaron los escépticos que dudaron del aguante del sistema, aunque la realidad pronto demostró que el Audi quattro había llegado para quedarse y no tardó en quedar claro que el coche sería el rival a batir en todo tipo de terrenos, desde la nieve y el hielo de Monte Carlo a la sabana africana, las pistas forestales o las carreteras asfaltadas de todos los confines de la tierra.
Röhrl concluyó su carrera en rallyes en el seno de Audi, marca con la que luego se pasaría a los circuitos hasta colgar definitivamente el casco. En las pruebas de pista, Audi y Röhrl volvieron a imponer la tracción quattro tanto en los circuitos americanos de TransAm e IMSA, como en el DTM alemán, en su retorno a Europa.
A punto de cumplir 64 años, Röhrl y Audi comprobaron en Monte Carlo que aún son un binomio muy compenetrado y también que aquella genial decisión de introducir la tracción quattro en rallyes continúa con la máxima vigencia.